En el corazón de la antigua Nápoles, entre las calles animadas y el bullicio de la ciudad, se esconde un rincón de paz y belleza que cuenta historias de reyes, reinas y... ¡gatos!

Hablamos del Monasterio de Santa Clara, un lugar donde el arte, la espiritualidad y la vida cotidiana se entrelazan de manera única y fascinante.

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El Claustro de Mayólica: un Triunfo de Colores e Historias

Al entrar en el famoso Claustro de Mayólica, te encuentras ante un espectáculo que no esperarías en un convento de claustro. Muchas columnas octogonales, cubiertas con mayólicas de colores vivos, te reciben con imágenes que parecen salir de un sueño: Pulcinella bailando, mujeres del pueblo trabajando, pescadores con redes en mano y instrumentos musicales. No parece un lugar solo para orar, ¿verdad? 

 

¿Por qué colores tan vivos?

Al observar las decoraciones alegres y vivas, podrías preguntarte: “¿Por qué un convento de claustro es tan... colorido?”. Bueno, las clarisas pasaban toda su vida dentro de esos muros, y tener un claustro tan decorado no era solo un placer para la vista, sino también una forma de sentirse más cercanas a la belleza de la Creación. Esos colores, esas imágenes pastorales, eran un pequeño paraíso terrenal, un rincón de serenidad para reflexionar y encontrar la paz interior.

¿Pero a quién debemos agradecer por toda esta maravilla? Parte del mérito corresponde a la reina María Amalia de Sajonia, esposa de Carlos de Borbón. Ella, que tenía buen gusto, quiso hacer del claustro un lugar más moderno (para su época) y espectacular. Tal vez anticipando los estudios sobre la psicología del color, solicitó colores vivos como amarillo, azul y celeste. Estos colores, de hecho, tienen el poder de aliviar momentos de melancolía y desaliento que podían afectar a las jóvenes obligadas a vivir en el gris de un convento de claustro. 

En 1742, el arquitecto Domenico Antonio Vaccaro transformó el claustro en lo que vemos hoy. Vaccaro, junto con los célebres ceramistas Donato y Giuseppe Massa, llenó cada rincón de colores, símbolos y escenas de vida, convirtiendo un espacio quizás demasiado frío en una obra maestra para los ojos de las jóvenes clarisas.

Monjas en Claustro: entre oraciones y rebelión

La vida de las monjas de claustro, aunque dedicada a la oración, no siempre era tan austera como imaginaríamos. No todas tenían una vocación genuina, muchas de ellas eran obligadas por sus familias por motivos de prestigio social, para garantizar la salvación espiritual de la familia o por razones económicas, evitando tener que proporcionar una dote para el matrimonio. 

Las historias y chismes sobre las clarisas cuentan de pequeñas rebeliones diarias que intentaban aliviar la monotonía del claustro.

Se dice, por ejemplo, que algunas monjas encontraban formas creativas de eludir las reglas: había quienes, a través de las rejas del locutorio, lograban mantener animadas conversaciones con amigos o familiares, o quienes organizaban verdaderos banquetes clandestinos con comida traída desde fuera.  A través de las rejas del convento se intercambiaban no solo noticias, sino también dulces y otras delicias prohibidas!

También comerciantes y artesanos que se encargaban de las reparaciones del convento eran un medio de comunicación con el exterior cuando se usaban para enviar cartas secretas.

La Vida en el Convento entre reglas y diversión

Los archivos monásticos cuentan episodios que hoy solo provocarían una sonrisa: una vez, durante un invierno riguroso, algunas clarisas encontraron la manera de divertirse transformando el patio nevado en una pista para trineos improvisada con cubos de madera usados para lavar los pisos.

Otras se entretenían con juegos de cartas inventados, siempre y cuando mantuvieran un silencio riguroso para no despertar sospechas en las superiores.

Escándalos y Encuentros Clandestinos 

Otro documento de archivo del siglo XVII relata que algunas monjas clarisas, cansadas del claustro y la monotonía, lograron organizar encuentros clandestinos con nobles locales. Aprovechando los jardines del claustro y la escasa vigilancia nocturna, estas monjas escapaban temporalmente a las reglas del convento, transformando la tranquilidad del claustro en un escenario mucho menos "espiritual". 

Un episodio particularmente famoso involucra a una clarisa que, enamorada de un joven noble napolitano, logró encontrarse con él en el claustro gracias a la complicidad de una portera. Cuando la aventura fue descubierta, el escándalo involucró no solo al monasterio, sino también a toda la comunidad de la ciudad. Los castigos por episodios así eran severos, pero a menudo las responsables se protegían gracias a las conexiones de sus poderosas familias.

Fiestas Secretas 

Otra historia curiosa trata de una verdadera fiesta clandestina organizada por las monjas en el claustro durante el Carnaval. Según los relatos, las clarisas usaron los disfraces donados por sus familiares y convirtieron el claustro en un salón de baile improvisado. Se dice que algunas incluso hicieron entrar a invitados enmascarados para evitar ser reconocidos. La fiesta, por supuesto, fue interrumpida por una inspección sorpresa de las superiores, desatando un gran escándalo dentro del convento. 

Las monjas más emprendedoras lograban obtener perfumes, joyas y alimentos prohibidos gracias a la complicidad de los artesanos y proveedores que entraban para trabajos de mantenimiento. Estos pequeños lujos a menudo generaban envidias y conflictos dentro de la comunidad.

Las Riggiole: más que simples azulejos 

Las mayólicas, o "riggiole" como se llaman en Nápoles, no eran solo un detalle decorativo. Cada pieza contaba una historia: paisajes idílicos, animales, escenas de la vida cotidiana. En esa época, estos azulejos eran un verdadero lenguaje visual, una forma de ahuyentar el mal y expresar alegría y protección.

¿No lo sabías? Según las creencias de la época, los colores vivos y las imágenes alegres tenían el poder de alejar a los espíritus malignos y el “mal de ojo”. En resumen, una especie de amuleto gigante que protegía el convento y a sus habitantes. 

Otro detalle curioso, que te saca una sonrisa, está escondido en una de las esquinas del claustro. Hay una escena pintada que representa a una monja clarisa repartiendo comida a los gatos del conventoEsta mayólica no era solo un detalle decorativo, sino un reflejo de la vida real en el monasterio. Los gatos eran considerados aliados valiosos para mantener alejados a los ratones, animales de compañía e incluso como confidentes personales, con quienes mantener "largas conversaciones" ...! 


Un Pedazo de Historia Viva 

Pasear por el Claustro de Mayólica de Santa Clara es como hacer un viaje al pasado, entre colores, símbolos e historias.

Cada detalle, desde las columnas revestidas con mayólicas vivas hasta los asientos decorados con escenas de la vida cotidiana, cuenta algo del pasado. Es imposible no quedar fascinado mientras caminas por este rincón de paz en el corazón de Nápoles, imaginando la vida de las monjas que, entre oraciones y silencios, encontraban en la belleza del claustro un refugio para el alma. 

Un Viaje a la Nápoles de Otros Tiempos

Visitar hoy el Claustro de Mayólica no significa solo admirar sus extraordinarias decoraciones, sino también sumergirse en las historias que lo hacen tan único. Desde los colores de las riggiole hasta las sombras de sus escándalos, este lugar sigue contando una Nápoles viva, hecha de espiritualidad, arte y, sí, también humanidad con todas sus debilidades. 

La próxima vez que pases por Nápoles, no te pierdas esta joya. Quién sabe, tal vez puedas imaginar a las clarisas sonriendo desde sus asientos de mayólica, con un gato en brazos y descubrir algún "secreto" aún escondido entre las columnas coloridas.

 

 

 

 

 

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